Arte de bailar por MercaMalaga

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¡El ama de la casa sentadita en la escalera, como una pobre que está esperando las sobras de la comida! Pero qué, ¿no está esa diabla? ¡Se ha escapado a la calle! Me lo temía. Pero nadie jugaba en los campos de fútbol porque iba a empezar la temporada de cricket. Pero es sólo una cuestión de forma, nada más. Ojos, ojos abiertos entre las lobregueces del deseo, ojos por los que la aurora rompiente se torna oscura. Y también es calumniadora.

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Para mortificar el oído dejaba en libertad su voz, que estaba por entonces cambiando, no cantaba ni silbaba nunca y no hacía lo más mínimo para huir de algunos ruidos que le causaban una penosa irritación de los nervios, como el oír afilar cuchillos en la plancha de la cocina, el ruido de recoger la ceniza en el cogedor el varear de una alfombra.

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